La abolición de la familia
mayo 8, 2013 en Criticas por lordgault
Siempre he pensado que, en el imposible caso de que tuviera el poder de tomar decisiones sociopolíticas trascendales, la primera de ellas sería la eliminación de la institución de la familia. La familia, probablemente desde su misma incepción, ha sido más un ente de males sociales, de pecados, vicios, patologías e inmoralidad, que la fuente de la virtud y la ética que sus apólogos pretenden que sea. La familia, por ejemplo, ¿puede considerarse una institución “cristiana? ¿Es digna de recibir el apoyo de los cristianos y sus representantes? Examinemos la cuestión:
-Dios afirma en la Biblia que el principio que debe guiar la vida familiar es el lineal, no el horizontal o conyugal. La relación padres-hijos debe ser mucho más importante que la relación entre cónyuges. Y sin embargo, vemos en la actualidad que los padres se divorcian y se vuelven a casar, que le dejan la herencia al cónyuge viudo (¡la Biblia y las leyes rabínicas prohíben taxativamente que NADA se le legue a la viuda o el viudo!), y que, en definitiva, están más preocupados por “hallar el amor” que por sus descendientes. Es la famosa “orientación conyugal” de la familia que es típica del modelo familiar occidental y que yo extendería a muchos más tipos de familia del mundo.
-Dios ordena que se le otorgue preferencia al primer hijo varón sobre el resto de los hijos, y, sin embargo, no hay principio que los progenitores vulneren más reiteradamente que ese. La niña mona, el niño más chico, son receptores más claros de la preferencia parental que el primer hijo varón, contraviniendo claramente las ordenanzas bíblicas. Creo que el único grupo “cristiano” que siguió durante un tiempo al pie de la letra las leyes que establece Jehová en este aspecto fue el de unos cuántos fanáticos puritanos ingleses que se establecieron en Massachusets o Rhode Island. Un puñado de extremistas norteamericanos que siguieron las leyes bíblicas fanáticamente hasta que se cansaron, en otras palabras. El otro 99,99 por ciento del mundo cristiano ha hecho en este particular de establecer distinto trato entre los hijos más o menos lo que le ha dado la gana.
-Dios da una serie de directrices a los que deciden formar una familia que los padres y esposos, incluso si son cristianos, suelen ignorar completamente. Yo diría que entre los padres y esposos “cristianos” el principio que impera es el de hacer lo que les da la gana. Si acaso sacan a colación en ocasiones alguna ordenanza bíblica porque les conviene; “Niño, honrarás a tu padre y a tu madre, eso es un mandamiento…” “Cristina, la mujer servirá al hombre, dice la Biblia, venga y hazme la cena…”, pero seguir en su integridad los principios bíblicos es algo que siempre les queda muy remoto. Jamás he oído o leído sobre una “familia cristiana” que se comportara realmente siguiendo preceptos mosaicos al pie de la letra.
Así que dejen de defender a capa y espada la familia, señores cristianos: lo que ustedes defienden no es cristiano ni jamás lo ha sido.
¿Es la institución de la familia justificable desde un punto de vista positivista? Yo creo que no, y a continuación expongo el porqué de mi opinión.
-La familia es un ente caduco, una reminiscencia de tiempos tribales que no sirve para crear ciudadanos óptimos. Si un progenitor tiene plena libertad para educar a un hijo, ¿cómo sabemos que se le inculcarán a ese hijo esa hija los valores adecuados para el funcionamiento y desenvolvimiento eficaz en la sociedad de hoy en día? ¿Puede realmente esperarse una mejora de las condiciones sociales confiando ciegamente en la crianza que un padre o una madre brindan a un hijo o una hija? ¿Cómo podemos saber que son adecuados los hábitos, la nutrición, los intereses que los progenitores imponen a sus hijos son los correctos? Tenemos la oportunidad de realizar un enorme progreso en la historia de la humanidad aprovechando el poder que actualmente los órganos estatales ejercen sobre la sociedad. Podemos hacer que cada ser humano sea criado de acuerdo a valores morales y éticos objetivos que no emanen del código tradicional compartido a nivel comunitario, de los sentimientos y creencias individuales y ni siquiera de una serie de valores cívicos, sino de lo que sería más eficiente para el avance social. Una persona que realmente crea en la capacidad de la ciencia para transmutar la sociedad, ¿rechazará esta oportunidad dorada que el estadio sociopolítico le brinda?
La familia, desde luego, tampoco es justificable ni defendible desde el punto de vista psicológico. Fuente inagotable de patologías, represiones y complejos, la familia es el más poderoso inoculador de enfermedad, prejuicio, desviación y anomalía existente, y ello se refleja tanto a un nivel individual como social. Desde las meras patologías psíquicas hasta fenómenos psicosociales retrógrados como el machismo, racismo, homofobia y xenofobia tienen su origen en esta entidad tan perniciosa como es la familia, tan contraria al espíritu de los tiempos. Hemos avanzado lo suficiente para difuminar barreras internacionales, para acercar pueblos, para eliminar las distinciones de color de piel, de mentalidad y de lengua, y este residuo del antiguo totemismo, esta constante actualización del mito de Cronos que supone la familia, con toda su terrible e intensa patología latente en su naturaleza más intrínseca, ¿no la eliminaremos?
Pienso que ha llegado el momento de que la sociedad avance en la dirección que le indican los valores cívicos imperantes y el utilitarismo social. Debemos rescatar del olvido a John Stuart Mill, a Jeremy Bentham, a Auguste Comte, y pensar cuán no decepcionados se sentirían al ver cómo, pese a haber progresado tanto tecnológicamente, en el ámbito de la cultura material, nuestros ejes de organización social y política siguen siendo tan rudimentarios, tan primitivos. El sentido ontológico de la ética está hoy por hoy tan muerto como Dios mismo y debemos prescindir totalmente de él; de todas formas, tal y como he explicado anteriormente, tampoco la familia suele seguir principios religiosos estrictamente hablando, en ningún sitio se amoldado fielmente la familia al código religioso que supuestamente sigue. En cuanto al universalismo, es una utopía que ya ha hecho demasiado daño. Consecuencialismo y utilitarismo deben determinar la dimensión ética de nuestras acciones, y ambos, que se complementan, nos impelen a actuar resueltamente contra esta institución antediluviana denominada “familia” y a reemplazarla por un control sobre el nacimiento, las condiciones de nacimiento y el desarrollo de los individuos proyectado hacia los intereses sociales colectivos.
Texto original de Bereton
Enlace al original |La abolición de la familia|


Comentarios recientes