
El Papa, vestido de peregrino, saluda a las personas congregadas en la plaza de la Quintata, en Santiago de Compostela- EFE
Mucha era la expectativa creada con la visita del Papa Benedicto XVI a Santiago de Compostela. Los bares abiertos las 24 horas, alrededor de 6000 efectivos de la Policía Nacional, comercios abiertos desde las 7 de la mañana. Todo dispuesto para recibir el supuesto aluvión de fieles que se suponen seguirían los pasos de Benedicto XVI. La friolera suma de tres millones de euros gastados por el Gobierno Gallego ante lo que tendría que a ver sido un evento que colocase a Santiago en el centro de atención mundial, nada mas lejos de la realidad.
De los 1200 autobuses programados solo 300 hacían acto de presencia a medio día. “Los únicos que me han comprado recuerdos de la visita son unos policías sevillanos y unos bomberos de Barcelona. Los peregrinos se han asustado”, es lo que cuenta el encargado de Recordos A Rúa, lamentable.
Las voces de apoyo a tal fiasco no se han hecho de esperar como era de suponer, Diego Pérez, sacerdote del Opus Dei de la diócesis de Tui-Vigo nos recuerda que lo importante es el mensaje que el Papa queria trasmitir, “No ha venido para que los políticos tengan un rédito electoral”.
Siete pantallas gigantes para una veintena de fieles, que estos si están rodeados por un despliegue, este si histórico, de policías, periodistas y voluntarios de protección civil. El Papa termina con su discurso y poco mas de una docena de personas aplaudiendo. Milagros Sandoval, una religiosa de Lumen Dei llegada de A Coruña. “Hay mucha menos gente de la esperada. Quizás es porque se hizo propaganda de que Santiago es pequeño…” “Es una pena”, apostilla, desolada, la mujer que la acompaña.
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